Algunas de mis fotografías impresas en diferentes papeles y tamaños.

“UNA FOTO NO ESTÁ TERMINADA HASTA QUE NO ESTÁ IMPRESA.” – Eduardo Momeñe, en La Visión Fotográfica.

Es fácil olvidar esta gran verdad hoy en día, cuando todo está digitalizado. La inmensa mayoría utiliza ya cámaras digitales, y al llegar a casa después de un día en la calle, o de viaje, sube las fotos al ordenador, las edita, las procesa, y cuelga en la web, blogs, u otros medios. Todos terminamos haciendo copias de seguridad en discos duros externos, USB’s y DVD’s. ¿Pero cuántos llegamos a imprimir nuestras fotos, incluso para editar una secuencia en ese proyecto fotográfico que tenemos entre manos, o vamos al cuarto oscuro a sacar copias en papel de nuestros negativos?

El papel es imprescindible porque le da una nueva presencia a las fotos. Se hacen tangibles, y podemos manipularlas, mirarlas de cerca de forma natural, como hacemos con todo lo demás. En este simple acto vemos mejor el grano de la película, las tonalidades de gris (para los que trabajan en blanco y negro), la exactitud real de los colores, así como el contraste y nitidez de las fotos.

Y no es tan caro como parece. Las copias no tienen por qué ser en papel baritado, o un papel fotográfico de alta calidad. Cualquier papel nos sirve para imprimir nuestras copias y jugar con ellas. Algo muy útil es colgarlas en la pared cuando dudemos de ellas, y dejemos pasar los días. Eventualmente, discerniremos la buena de la mala.

Tengo la suerte de ser un editor muy severo con mi trabajo, con lo que me cuesta poco descartar las fotos que no me valen. Pero de vez en cuando, sí que dudo. Imprimirlas muchas veces me ayuda a descartar o guardarlas para alguna secuencia, porque al tenerlas en papel, todo el proceso es más rápido e intuitivo. Puedo encontrar puntos de conexión o desencuentro mucho más fácilmente que en el ordenador mismo.

De todas formas, la conclusión a la que llego siempre es que una fotografía no va a mejorar por mucho que la miremos, sea en papel o a través de una pantalla. Cuando dudo, finalmente termino descartándola. O me gusta desde e principio, o no. Es así de fácil. Pero vale la pena hacer el ejercicio.

Para los que viven en Madrid, os comento tres opciones muy interesantes:

CaptaColor, ubicado en Av. de la Ciudad de Barcelona, 130, 28007 Madrid, teléfono 914 69 86 42. Actualmente, su web no se encuentra disponible, pero los precios en Servicio Automático son realmente baratos (unos pocos céntimos la copia en mate o brillo). ‎

Lab35, un laboratorio ubicado en pleno centro de Madrid, calle Manuela Malasaña 35, metro Bilbao. La atención es muy personalizada, y tanto José Luis como Olivia, quienes llevan el local, son un encanto y unos auténticos profesionales. Allí es donde hago las mejores copias de las fotos que, pasado el tiempo, siguen gustándome y estando entre mis favoritas. Una vez impresas, “no hay color”: la misma toma gana muchísimo más en papel baritado, que en una pantalla de ordenador (aunque sea Mac).

El laboratorio fotográfico de la Casa Encendidaes otra excelente opción para hacer copias directamente desde nuestros negativos. Si tienen la oportunidad, hagan el curso de revelado, que es muy barato y enseñan con el mejor equipo la forma de revelar analógico. Luego podrán usar el laboratorio para seguir con sus proyectos, reservando con antelación.

Hay más sitios en Madrid, por supuesto, pero cito éstos porque me ha parecido especialmente efectivo y grato trabajar con ellos.

¿Y vosotros, imprimís vuestras fotografías? ¿Dónde lo hacéis? ¿Os gusta más en papel o en el ordenador? ¡Leamos esas experiencias!