Estados Unidos siempre ha llamado mi atención y no sólo por una atracción personal sino también fotográfica, visitarlos estaba en esa lista de sueños que habitualmente haces porque así parece que presionas al destino, aunque sepas que posiblemente no se cumplan, pero por si acaso la haces.  Sin embargo, este año Matías, al que ya conocéis, me dio la oportunidad de conocer Nueva York. Cuando me preguntó si querría ir, mi respuesta fue clara: dime hora y lugar y ahí me tendrás con la maleta hecha y la cámara al cuello.

Pero viajar allí no era cualquier lugar, era ese sitio donde habían fotografiado antes Helen Lewitt, Bruce Gilden, Danny Lyon o los componentes de The Photo League.

Helen Levitt

Danny Lyon. Brooklyn.

Bruce Gilden. Coney Island.

The Photo League. From Harlem Document.

Siendo admiradora de todos ellos mis nervios compartían asiento de avión con las ganas de recorrer las calles de la ciudad durante 10 días. Sin embargo, esa ilusión de fotografiar en el mismo lugar que ellos, suponía también un reto, ¿me inspirará igual que les inspiró a ellos? Antes de ir y para ir abriendo boca, volví a revisar todos sus trabajos y especialmente el de Robert Frank, The Americans, libro de cabecera a la hora de inspirarme, base de mi aprendizaje y culpable entre otros de mi afán por conocer EEUU.

Robert Frank. The Americans.

Una vez allí nos dejamos llevar por las calles de Manhattan y sobre todo por los barrios de los alrededores. En poco tiempo me di cuenta que igual que me pasa en Madrid el centro de la ciudad me resultaba indiferente, me aburría. Las fotos no salían sino me forzaba y eso nunca es bueno porque al final se nota el desapego hacia lo fotografiado.  Manhattan me frustró por completo. Sin embargo, todo cambió cuando paseamos por Brooklyn. Según torcimos la esquina un grupo de puertorriqueños jugaban al dominó en medio de la calle. Mi corazón comenzó a acelerarse de manera anárquica, la adrenalina andaba ya por las nubes. Nos acercamos, hablamos con ellos y ahí fue donde saqué las primeras fotos que para mi valían la pena. El barrio me llamaba por todos lados, lo saboreaba en cada interacción, en cada foto, en cada conversación. Las fotografías salían casi solas, sin esfuerzo. Estaba cómoda y había algo allí que me apasionaba: un sentimiento de comunidad, el barrio, una sensación de pertenencia a pesar de la mezcla de personalidades y raíces importadas, al final, una identidad colectiva. Le pregunté a uno de los chicos que conocimos allí por qué se había tatuado el nombre de Brooklyn en la muñeca, él me contestó: Soy un chico de Brooklyn, nacido y crecido aquí. Me removió por dentro, quise tatuarme Puerta del ángel en mi muñeca.

Creo que al final fotografiamos nuestros intereses, nuestras obsesiones, traumas y si no es así, la potencia narrativa y visual del trabajo no será igual. Si no nos involucramos en algo que de verdad nos toque por dentro y nos guste, sea lo que sea, la fotografía quedará plana sin apenas conversación. Sin darme cuenta había encontrado mi tema aunque había estado frente a mi todo este tiempo.

Os dejo algunas de las fotos que saqué en Brooklyn, espero que os gusten.

Puertorriqueños jugando al dominó. Brooklyn.

Bedford Street. Brooklyn.

Re-elected Vito J. Lopez. Brooklyn.

Bañistas. Coney Island

Coney Island

Coney Island

Y vosotros, ¿dónde os sentís más cómodos fotografiando? ¿Qué os interesa fotografiar?