Lee Friedlander

Hay algo que viene preocupándome desde hace un tiempo, y es la obsesión de los fotógrafos (o al menos de la mayoría que voy conociendo personalmente, y a través de Flickr, otros blogs, y foros) por su equipo.

Es común que, al entablar conversación con alguno de ellos, lo primero que pregunten sea “¿qué cámara usas?” o “¿qué lente llevas, y qué luminosidad tiene?”.

Que no se me mal-interprete, no digo que la cámara no sea un tema importante a discutir. De hecho, determinar qué tipo usar cambiará nuestra forma de fotografiar, de encararnos al mundo. Hay que conocerlas para sacarle el máximo partido, pues cada una de ellas está adaptada a un tipo específico de fotografía, o brillan especialmente en ciertos campos. Por ejemplo, si salimos con una cámara de medio formato, o gran formato, a sacar instantáneas de la calle, nos resultará increíblemente más dificultoso que con una telemétrica de 35mm, siendo más ligera, pequeña y manejable (y menos intimidante, todo hay que decirlo). Por tanto, conozcamos nuestras herramientas, y experimentemos con ellas. Es un proceso que forma parte natural del aprendizaje inicial.

Eric Kim

Pero lo grave para mí radica en que una vez adquirida esta base técnica, esta obsesión continúa, y en algunos casos, va en aumento. Casi no parece haber nada más que el equipo.

Antes de pasarme a la fotografía, fui ilustrador durante un breve período de tiempo, y tuve la gran suerte de encontrarme con gente muy trabajadora, apasionada e interesante. En las largas horas compartiendo estudio, o en salidas nocturnas, mis amigos dibujantes e ilustradores hablan de todo aquello que les apasiona y nutre en su profesión: cine, arte, animación, literatura, mujeres, política, música, series de televisión…rara vez hablan de las ventajas que ofrece Photoshop CS5 sobre el CS4, sobre las tabletas que usan, o sobre las marcas de lápices, gomas,  papeles, gouache, acrílicos o ceras que utilizan en su día a día. Eso da igual. Lo que importa es todo lo demás: las historias que cuentan sus narradores favoritos, cómo lo hacen, discutir sobre guiones, sobre la evolución de personajes… Hablan, en definitiva, de la vida misma.

Charlie Kirk

Entonces, me pregunto, ¿por qué no pasa ésto más seguido entre fotógrafos (sobre todo al conocerse)? ¿Por qué preguntar primero sobre la cámara, y no por FOTOGRAFÍA? Me da igual el equipo, carrete, lente o ISO que utilizan los fotógrafos, o con qué programa procesan sus fotos. Me importa conocer sus intereses, sus inquietudes, su forma de explorar el mundo, sus influencias. El “por qué“, y no el “con qué“.

Imagino que entre escritores, al igual que entre artistas, dibujantes, animadores e ilustradores, tampoco se sufre ésto.  No les veo hablando sobre qué modelo de máquina de escribir (u ordenador para los más actualizados) usan. Imaginaos la situación:

-“Asíque eres escritor. ¡Yo también! ¿Qué modelo usas?”

-“Una Typestar 110, y una Thermotronic que no cambio por nada. La calidad de impresión es brutal.”

-“¡No me digas! Yo tengo la  IBM Electronic Typewriter 50, pero no puedo justificar los márgenes. Asíque me estoy pasando al Notepad++, aunque poco a poco.”

-“¿Y nos has probado con la Selectic Composer? Es increíble el tacto de las teclas, hace que quieras escribir más y más. Con esa puedes ajustar el margen a la derecha y todo. ¿Qué versión del Notepad++  tienes, por cierto?”

Rídiculo, sí. Lamentablemente, así de ridículas me parecen las conversaciones entre fotógrafos sobre su equipo. ¿Por qué hablamos tanto de la cámara, sus lentes, su luminosidad, y de qué Photoshop usamos, de si Lightroom es mejor que aperture Aperture? Es aburrido, y no lleva a nada. Lo mejor es hablar menos de ello, y experimentar más. Pidamos prestado el equipo, alquilémoslo, comprémoslo y vendámoslo de segunda-mano…todo eso será mejor y más enriquecedor que hablarlo con otros fotógrafos.

Está bien tener una fijación con las herramientas que utilizamos, sobre todo al iniciarnos, donde la complejidad de las mismas puede ser abrumadora. Una vez aprendidas las bases, incluso parecen fáciles,y el acto de fotografiar se vuelve algo sencillo y mecánico. Es cierto también que la cámara es un artefacto, un objeto fascinante por todo lo que se puede hacer con ella, por la magia, el misterio y controversia que la persigue desde su nacimiento. Pero luego de esa primera fascinación inicial o etapa de enamoramiento, pasemos a lo que importa verdaderamente: lo que se puede hacer con ella, lo que se hace con ella. Todo lo que hay detrás, y más allá.

Garry Winogrand fotografiando a Szarkowski, foto de Friedlander.

Ésto resulta muy difícil con la actividad monstruosa que hay en el mercado actual. Decenas de nuevas cámaras salen a la venta en cuestión de meses, la competencia encarnizadas marea con tantos productos nuevos, e innovadores. Pero, sinceramente, y a pesar de ser consciente de todas las ventajas y adelantos que se están haciendo en el área digital, no veo nada nuevo bajo el sol, nada verdaderamente revolucionario. Sí, los valores ISO tan limpios son una gran ayuda, lo mismo que disparar a 10 fotos por segundo si trabajamos en deportes, o las cámaras de 4/3 con todo su potencial, pero podríamos perfectamente ignorar todo ésto, y seguir disparando con una vieja digital, o una analógica de más de 50 años. No hay excusa.

Vivian Maier

Por tanto, quiero reivindicar ésto:

MENOS HABLAR DE CÁMARAS, Y MÁS HABLAR DE FOTOGRAFÍA.