Varias veces he mencionado que uno de los mayores errores que uno puede cometer es cubrir todas las distancias focales, sin embargo, está claro que necesitaremos usar objetivos. ¿Cuáles escogemos?

Nuestros compadres digitales os dirán que le coloqueis un Nikon 24 – 70mm f2.8 a vuestra D700 y si os quedais cortos de luz, tireis de ISO 25600. Sin embargo, nosotros, que hacemos “fotos de verdad”, sabemos que ir más allá de ISO 1600 en un carrete es jugársela, así que está claro que no podemos confiar en los zooms, grandes y poco luminosos.

Descartados los zooms, tenemos que seleccionar focales fijas. No lloréis: La mayoría de las grandes fotografías de la historia se hicieron en tiempos en que no existían los zooms o eran tan malos que la gente ni pensaba en ellos. Leica, el sueño húmedo de muchos, no tiene un sólo zoom (bueno tienen algo parecido a uno, pero no es un zoom propiamente dicho, sino un objetivo que aúna tres focales fijas en uno. Tenían otro, pero dejaron de fabricarlo).

Sin embargo, tenemos otro problema, pues queremos mantener nuestro equipo con poco peso y hacer todo lo posible con lo menos posible. Traducción de esto: ni os planteéis comprar todas las focales únicas y mucho menos cargarlas. ¿Qué hacemos entonces? Sencillo: “saltaros” una focal. Ese truco es básicamente lo que necesitareis. Voy a explicarlo gráficamente. Ahora mismo, por ejemplo, Nikon tiene a la venta objetivos fijos con estas focales (excluyendo Macro y Tilt-Shift), que son las más comunes:

14 – 16 – 20 – 24 – 28 – 35 – 50 – 85 – 105 – 135 – 180 – 200 – 300 – 400 – 500 – 600

Bien. Un rango “normal” podemos incluirlo, estirándonos mucho, entre 20mm y 135mm, más allá de eso, creo que ya hablamos de cosas “especiales” (dudo que alguien salga normalmente a la calle con un 180mm o un 14mm), si bien normalmente usaríamos de 28 a 105. Imaginemos que vamos de viaje y vamos a hacer fotos de paisajes, con lo cual queremos un angular, pero también queremos un tele corto porque pensamos hacer retratos “formales” a la gente:

Nos gusta mucho lo angular, así que cogemos el 20mm, eso está claro, ¿y luego, cogemos el 24? No, para nada. Pues el 20mm nos puede servir igual que el 24 caminando unos pasos hacia adelante. Cogemos el 28, pues, que también cubrirá el campo del 24 echándonos dos pasos atrás (si no podemos caminar hacia adelante con el 20). Tenemos ya el 20 y el 28, siguiendo la misma lógica, nos saltamos el 35 y cogemos el 50 para llevarlo habitualmente y… ¿no habíamos dicho de un tele corto para retratos? Pues ya está, coged el 105, que os cubrirá el 85 cuando el 50 no valga para eso. ¿Veis que fácil?

Todos los que usamos focales fijas habitualmente sabemos cuál es el rango en que nos sentimos más cómodos. Yo, por ejemplo, sin mi 50mm no voy a ningún lado, y a partir de ahí ya cojo según lo que necesite. Ya os he contado en capítulos sobre mis cámaras, como empecé liándola y comprando todas las focales. Mi consejo es que siempre os limitéis a lo mínimo que vayáis a usar y que acostumbréis vuestro ojo a ver las cosas con esos objetivos que uséis más comúnmente, de forma que cuando cambies de objetivo, sólo tengáis que cambiarlo y llevaros la cámara al ojo con el encuadre en vuestra cabeza y no empezar a probar uno y otro diciendo “¿y sí…?” (momento en el cual vuestra foto posiblemente ya haya pasado); Otra cosa que hay que puntualizar es que debemos pensar el rango en que nos sintamos cómodos. Yo, por ejemplo – ya lo he dicho en otras ocasiones – más allá de 28mm en angular me vuelvo inútil, no sé usar nada y mis composiciones se vuelven malas y falsas. Lo mismo más allá de 105mm.

¿Qué hay de las focales intermedias? En teoría (ya lo comenté de pasada en mi artículo sobre la Panasonic GX1), algo que se encuentre entre medias, como el Voigtländer Ultron 40mm, nos ahorraría de preocuparnos, pues, por ejemplo, ese objetivo es casi un 35 y casi un 50. Yo evitaría siempre las focales “raras” como esa, pues, precisamente por caer entre medias, son algo raro que no parece encajar nunca, siempre son demasiado angulares o demasiado estrechas y cuando uno las complementa tiene que ir “más” allá de lo que le gusta. Por ejemplo, si uno lleva un 50, lo suyo es complementarlo con un 28, pero al llevar un 40, que está más cerca de 35, lo suyo sería coger un 24, porque 28 queda demasiado “cerca”, pero, en mi caso, 24 es ya demasiado… A lo mejor si alguien empieza a hacer fotos desde el principio con una focal rara se acostumbra a ella, pero como yo empecé con 50, ya estoy tan acostumbrado, que no consigo ir a otra cosa.

Por otro lado, para gustos, colores, si alguien se siente cómodo usando un 35, un 50 y un 85 (las líneas de encuadre de la Leica M2 eran para 35, 50 y 90, que era lo más común en aquél entonces) y hace buenas fotos así, que mis palabras no le hagan cambiar su sistema, sólo comento lo que es lo más común, lógico y sensato para todos.

Añado una excepción a los zooms: los considero lógicos en los extremos, tanto en angular como el tele. Por ejemplo, hasta 135mm tengo una idea – algo vaga, todo sea dicho – de cómo va a ser el encuadre, pero más allá de eso, sinceramente, no sabría qué encuadraría con un 180mm o con un 400mm, así que aquí sí que considero lógico usar zooms, hasta “aislar” lo que quiero. De todas formas, no creo que me vea nunca en la necesidad de usar más de 105mm.

Como resumen: elegid vuestra focal más útil (la que más comúnmente vayáis a usar según vuestro gusto) y a partir de ahí, elegid las siguientes “saltando” una entre medias y nunca sentiréis que os falta algo para una foto.