Esa es mi opinión y lo que a mí me funciona, puede que a otro no le valga, o puede que sí. Yo sólo sé que, comprobando mis fotos, he descubierto que cerca del 95 por ciento de mis fotos (porcentaje real, comprobado) se han hecho con un 50mm. Supongo que a cada uno le gustará una distancia focal distinta, ya que lo que se define como “normal” varía conforme tendamos a mirar las cosas. Una amiga mía entiende por “normal” 28mm – igual que cierto fotógrafo cuyo nombre no recuerdo – y es lo que usa casi siempre, mientras que yo eso es lo más angular que “sé” usar.

De todos modos, salvaguardando ese 5% restante de fotografías, el 95% las he hecho con un 50mm, y creo que este es el motivo por el que sigue siendo mi focal preferida:

1) Es la focal de mi ojo.
Esto me lo contaron el otro día y me lo creo. Aunque realmente el ángulo cubierto por la visión está más cerano a lo que vería un 35mm, la focal del ojo es de 50mm, por eso al levantar la cámara, como vemos por un sólo ojo, esto es casi lo mismo que vemos al cerrar un ojo. Basado en esto, con un poco de experiencia, componer la imagen en la cabeza y levantar la cámara para hacer la foto es algo casi inmediato.

2) Es casi un tele y casi un angular.
Precisamente porque es el punto que tradicionalmente se ha definido como “normal”. Echaros dos pasos atrás y – salvaguardando el tema de la perspectiva – teneis un 35mm, dos adelante y teneis un 75mm, y esto ayuda al punto 3.

3) Parte de la acción, sin llegar a ponerme en medio.
Esto lo digo pensando en fotografía callejera. Muchas veces uno no puede ponerse en medio de todo e interrumpir la acción, aquí un 50mm es perfecto, cuando un 35mm se queda corto.

4) Excelente calidad óptica en cualquier marca.
Lleva tantos años fabricándose que aún estoy por encontrar un 50mm que sea malo. Todos los que he probado, ya sean Olympus OM, Canon EOS, Pentax K, Nikon (Incluso serie E), Leica, Soviéticos con montura Leica… Todos son mejores que cualquier zoom.

6) Muy luminoso.
Los más “cutres” son f2, eso ya es más que cualquier zoom y salen tirados de precio por lo general. Si ya nos estiramos un pelín y vamos a f1,4 tendremos una cantidad de luz impresionante, ya podeis decir adios al flash en casi todas las circunstancias, salvo que busqueis el efecto que pueda dar éste.

7) Aislar sujetos.
Con la focal que tiene y la gran luminosidad, en cuanto os acerqueis a un metro del sujeto y abrais el diafragma, podeis hacer “desaparecer” el fondo. Bienvenidos al maravilloso mundo del enfoque selectivo que resulta en fotografías con más fuerza. El ojo discrimina naturalmente – si no me creeis, intentad fijaros en una mota de polvo en el cristal de una ventana y luego mirad la calle, vereis como no podeis ver ambas cosas a la vez – y aunque parezca que no, dejarlo todo enfocado es poco natural.

8) Pequeño, ligero y compacto.
No voy a explicar esto. Hay bestias enormes de 50mm (Pienso en el Leica Noctilux o en el Voigtländer Nokton f1.1), pero por lo general son pequeños, ligeros y compactos. Podeis ir todo el día de un lado para otro con uno en la cámara sin pensar ni una sola vez en el peso.

9) En resúmen: naturalidad.
Porque el ángulo que cubre, la perspectiva y todo lo demás hace que las fotos parezcan muy naturales, no exageradas como con los angulares ni comprimidas como con los teles.

Cuando empecé en la fotografía, fui el primero en cometer el error de comprar un montón de zooms para cubrir todas las focales (todo desde 19mm hasta 200mm divididos en tres zooms de 19-35, 35-105 y 100-200). Conforme uno va aprendiendo, se da cuenta de lo estúpido que es eso. En otro post diré que otras focales funcionan para mí en las raras ocasiones en que el 50mm se pasa o no llega, pero por ahora sólo diré que, salvaguardando esos aislados casos, he descubierto que un 50mm es todo lo que necesito. Todo el mundo debería tener uno metido en su bolsa o, aún mejor, siempre pegado a su cámara.